



Hoy en día inquieta y a veces preocupa la posibilidad de
adquirir la infección mientras prestamos una atención en la salud de un niño,
niña, adolescente con VIH.
Si bien esa preocupación es normal y legítima, el riesgo concreto de contraer
una enfermedad en esas situaciones es muchísimo menor de lo que se imagina.
